La muerte del Patriarca

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El delgado hilo de sangre aún sin coagular que salía del agujero en la nuca, cerca de la oreja izquierda del hombre de la cama 2031 causó tal impresión a la enfermera del turno de la madrugada, que casi dejó caer el aparato para medir la presión arterial que llevaba en las manos, y tras varios segundos que tardó en reponerse del susto, pudo emitir un grito que rompió el silencio en esa ala del hospital: – “un doctor… aquí…”; aunque sabía que ya de nada serviría la presencia del médico de guardia, pues el pálido rostro con ojos abiertos desorbitados que tenía a la vista no dejaba ninguna duda de una muerte cerebral fulminante.

Al momento de su descubrimiento, lo que más la asustó aparte de la inesperada escena de la muerte del enfermo a su cuidado, fue la rápida sucesión de pensamientos que pasaron  por su mente.  Largos y tortuosos interrogatorios de agentes de la ley que no alcanzaba a distinguir, pero sí escuchaba bajo la luz encandilante que la mantenían cegada en medio de la oscuridad:  -“por qué lo dejó sólo, cuánto tiempo estuvo ausente, quienes entraron, quienes son sus cómplices, ¡confiese! ”, como lo había visto en películas y que ahora ella misma en sus pensamientos empezaba a padecer.

-“Un doctor… aquí…” volvió a gritar asustada la inocente enfermera, sin que aparentemente nadie la escuchara, mientras su mirada se clavó en el monitor de la pantalla negra con una gráfica lineal de luz verde que empezaba a la izquierda con altos y bajos simétricos hasta convertirse en una ralla horizontal que junto con un pitido contínuo confirmaba lo que ella estaba viendo, la muerte del paciente que había ingresado dos días antes por un problema del corazón, y que por su jerarquía era custodiado por agentes judiciales que se turnaban la vigilancia del acceso al cuarto en el segundo piso del hospital.

Aún no acababa de salir el sol y el reloj no marcaba las ocho de la mañana del viernes 24 de septiembre, cuando la alarma cundió por todo el hospital Humanitas Medical Group (HMG) de Coyoacán. Al percatarse de que había sangre y como nadie escuchó un disparo, el personal médico trató de realizar maniobras de resucitación, pero al tomarle una radiografía de cráneo verificaron que tenía alojada una bala calibre .22…

Así, justamente, de novela es la historia que con la ejecución del Patriarca de los gitanos en México, Pablo Rafael Luvinoff Arroniz, acaba de cerrar un capítulo que duró 27 años; una sucesión de conflictos violentos, amenazas de muerte y atentados con hechos de sangre entre las propias tribus de esa raza.

Fue un líder étnico que dejó huella y siempre se mantuvo en pie de lucha para proteger a su comunidad, como lo señaló él mismo ante el reportero Jesús Padilla del diario Reforma el 6 de diciembre de 2005, al abandonar el hospital donde fue atendido del balazo que recibió en el tórax tras el atentado donde su hija Nancy Luvinoff Atanasio, de 13 años, fue asesinada -el 20 de noviembre de ese año- con un disparo en la cabeza cuando salían de su templo en la Colonia Del Valle.  Contundente declaró: -“prefiero dejar huella; me está costando la vida de dos hijos, y yo con heridas graves. No importa, si tengo que dejar la vida lo haré para servir a mis gitanos”.

Luvinoff era líder moral de más de tres mil familias con un total de 16 mil personas de la comunidad de origen gitano en México, que pese a su diversidad, mantienen entre ellos una cultura centrada en su lengua (el romaní), en las leyes gitanas, las costumbres, ritos y expresiones artísticas; la mayor parte se dedica a actividades comerciales, aunque una minoría mantiene sus tradiciones y vive de la adivinación, la danza y el canto. .  Se dice que a nivel nacional podrían ser cien mil gitanos los que comprende esa comunidad, que está avecindada por lo menos desde hace 35 años en ciudades de Guerrero, Baja California, Guadalajara y Colima –donde viven dos primas del finado Luvinoff-, aparte del Distrito Federal.

Dos de los familiares directos del sacrificado líder gitano en Colima son los jóvenes Julio Cesar Luvinoff, Integrante del movimiento Acción Juvenil del Partido Acción Nacional en el estado de Colima, y los hermanos Lezanko y Branko Valdovinos Luvinoff,  éste último dedicado a los negocios de alquiler de vehículos en Puerto Vallarta y Manzanillo.

En 1983, Pablo Luvinoff fue nombrado Patriarca de los Gitanos en México y Sudamérica, en sustitución de Manuel Bimbay, líder desde los 40’s de los gitanos en este país, y quien jefaturaba entre otros linajes de esa etnia a los Yankovich y los Julupesty, pero que fue capturado y enviado al Penal de las Islas Marías por el entonces director del Servicio Secreto, Rafael Rocha Cordero.  Después corrió la versión de que Bimbay escapó de la colonia penal y se fue a Guatemala; también se dijo que sus descendientes trataron por muchos años de apoderarse nuevamente del patriarcado.

Queda en entredicho aquello de que “entre gitanos no se leen las cartas”, pues desde entonces y muy seguido se mandan mensajes entre rivales del mismo clan, con amenazas de muerte que han marcado el clima de violencia en que viven los gitanos y no sólo su recién asesinado Patriarca.  Un caso notorio fue la supuesta la trampa que se supone le pusieron al caro automóvil deportivo que conducía el hijo de Luvinoff, Yankó de 22 años, quien fue encontrado muerto en la carretera a Cuernavaca, en un raro accidente sin razón aparente.

Se tienen registros de cuando un camión se estrelló contra su casa, en 2004, del secuestro de Jacobo Luvinoff, afuera de Plaza Universidad en enero de 2005; del asesinato de un miembro de la comunidad gitana que fue confundido con el líder a las puertas de la iglesia Cristiana Gitana Interdenominacional, en Aniceto Ortega 846, colonia del Valle, el 8 de junio de 2008, por un sicario que cobraría 50 mil pesos por el trabajo; y varios atentados al departamento en la Nápoles donde vivía el Patriarca, que el 22 de noviembre de 2008 fue atacado por dos sujetos que dispararon y arrojaron un artefacto explosivo al interior.

Esos fueron los motivos que orillaron al dirigente gitano a denunciar amenazas de muerte, por lo que la Procuraduría le asignó dos guardaespaldas de tiempo completo, pero que ahora minutos antes de la ejecución se retiraron sin avisar, como quedó grabado en las cámaras de vídeovigilancia del hospital, donde se ve que momentos después que se van, un hombre con bata blanca de doctor y pantalón del mismo color ingresó a la habitación del enfermo para darle un balazo y salir por donde entró. Justo como en las novelas y las películas.

El reporte oficial de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal confirma que el líder de los gitanos, de 55 años, fue asesinado de un tiro cuando era atendido en un hospital y durante el cambio de guardia de los agentes que lo protegían. Se detalló que los agentes de homicidios analizarían las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, mientras los dos agentes designados como escoltas de Luvinoff, así como el personal médico rendía su declaración oficial ante el Ministerio Público para deslindar responsabilidades, incluso para determinar si el arma homicida tenía silenciador.

Al rendir su declaración, el agente que cuidaba al Patriarca señaló que estuvo toda la noche con él y que se salió temprano para entregar un informe, no esperó el relevo y ese momento se aprovechó para que el sujeto entrara y lo privara de la vida, siendo que la función principal de los agentes es custodiar a quien se le asigne, y no pueden dejar en ningún momento a la persona. Por esa causa, informó el Fiscal de Homicidios de la Procuraduría del Distrito Federal Joel Díaz Escobar, que el custodio deberá enfrentar una responsabilidad.  Los familiares de Luvinoff opinan que eso huele mal.

Previsoramente, Luvinoff, había denunciado desde hace varios años a mafias del mismo grupo étnico que se dedicaban a la extorsión y al robo de los mismos gitanos, e incluso hace tres semanas mandó colocar un espectacular en la avenida Revolución ofreciendo recompensa de cien mil dólares a quien informara sobre “una banda de gitanos extorsionadores “, mencionando los nombres de “Tambo”, “Julio”, “Galean”, Luis Eduardo Ávila y Fernando Pliego.

Y no deja de sorprender la rapidez y eficiencia con que actuó la Policía Federal, que a menos de una semana del atentado, el 1 de octubre capturó y entregó a la Procuraduría General de Justicia del D.F., a cargo de Miguel Ángel Mancera Espinosa, a Abraham Kuri Manzur, “El Calea”,de 32 años, identificado como uno de los asesinos materiales del Patriarca Luvinoff.

Contrasta con la lentitud de la PGJDF que detuvieron este domingo 3 de octubre, en Naucalpan, a Juan Pablo Ortega Vélez, alias “El Gigio o Lilí”, de 38 años, acusado de ser uno de los hombres que hace dos años lanzó una granada contra el entonces patriarca de la comunidad Pablo Rafael Luvinoff, quien fue asesinado la semana pasada en el cuarto de un hospital, y ahora investigan si tiene alguna relación con el reciente asesinato, y en todo caso, lo que falta es definir quién les pagó a ambos.

En 2005, tras el atentado que le costó la vida a su hija, Luvinoff denunció que quienes lo mandaron matar por ser “un estorbo para ellos” son los hermanos Alfredo, Pablo y Miguel Gutiérrez Silva, tres cabezas de la banda Yankovich y Julupesty, gitanos separados y secuestradores que operan en Guatemala y honduras, y con quienes desde 1993 tenía rivalidades y conflictos.

El móvil de este crimen podría ser la disputa relacionada con el liderazgo de la comunidad gitana y la administración de sus recursos, o la represalia de los grupos delictivos denunciados por Luvinoff, pero al parecer los tiradores son los mismos, y ahora lo que viene es la sucesión, pero eso será otro capítulo de la historia.

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